martes 23 de abril de 2024 - Edición Nº2273
Frente de Organizaciones en Lucha » Regionales » 12 oct 2023

Alquiler de vivienda

La primera encuesta de hogares inquilinos en barrios populares del AMBA muestra deuda, hacinamiento e inestabilidad

El problema del alquiler logró instalarse en las agendas políticas al punto que se votó una nueva ley de alquileres. Sin embargo, las condiciones de acceso, permanencia y calidad de vida de los hogares que alquilan en barrios populares se encuentran prácticamente invisibilizadas. Por eso, se realizó un relevamiento en terreno a través de organizaciones sociales de base y organizaciones de derechos humanos y académicas que muestra la situación de extrema vulnerabilidad en villas, asentamientos y barrios populares donde el 93,4% de los hogares están bajo la línea de pobreza, y el 46,3% bajo el umbral de indigencia.


“Si para una familia los alquileres formales son brutales imaginate los que están totalmente desregulados, porque un barrio popular justamente una de las características que tiene es que son alquileres totalmente desregulados” dice Ricardo Apalaoza, geógrafo del Instituto de Geografía “Romualdo Ardissone” y militante del FOL que participó de las encuestas en barrios populares.

 

El estudio realizado en diciembre de 2022 y marzo del 2023 viene a visibilizar el reclamo por el alquiler del subuniverso de alquileres en la informalidad frente a la ausencia o dispersión de datos sobre la problemática inquilina.

 

El trabajo de relevamiento se hizo a través de encuestas a cargo del Frente de Organizaciones en Lucha (FOL), el Frente Arde Rojo (FAR), Hábitat Sur, la Corriente Villera Independiente, el Centro para una Justicia Igualitaria y Popular (CEJIP) y vecinas referentes del Barrio 31 para conocer la situación de los hogares inquilinos en barrios populares –villas en CABA y asentamientos en GBA Sur, Oeste y Norte- del Área Metropolitana de Buenos Aires. Relevaron cuestiones sobre la situación financiera, las condiciones de habitabilidad (calidad del hábitat y la vivienda), relaciones de alquiler con propietaries, movilidad (trayectorias y cambios de vivienda), barreras de acceso al alquiler y expectativas futuras.

 

“Creemos que es estratégico contar con estos datos – relevados por compañeras y compañeros de los barrios, comprometides y capacitades especialmente para realizar la tarea- para poder instalarlo en la agenda nacional del hábitat y la vivienda” expresaron desde el equipo.

 

El acceso al alquiler es un tema que se viene agravando ininterrumpidamente desde la década del 90 para cualquier segmento de la clase trabajadora, sean profesionales de ingresos más altos o para quien está laburando de changarín. Esto sucede porque hay un aumento del precio de los alquileres en relación al salario real y desde 2013-2014 para acá viene empeorando. 

 

El contexto de fuerte crisis inflacionaria y cada vez más inquilinización golpea más aún a los barrios populares donde se vive la desregulación: no hay contratos, no hay montos máximos, mínimos y son alquileres que tienen muchísima más inestabilidad, podés estar tres meses y te echan sin posibilidad de reclamar o sino te pueden subir los montos de manera permanente.

 

El estudio reveló que a pesar de altos niveles de ocupación los ingresos son insuficientes para costear los gastos de alquiler. El 93,4% de los hogares están bajo la línea de pobreza, y el 46,3% bajo el umbral de indigencia. Un 30% de los hogares destina más del 50% de sus ingresos al pago del alquiler, una tendencia que se acentúa en los hogares encabezados por mujeres. Otro problema que evidencia el estudio es que el 43% de los hogares afrontan endeudamiento con bancos, familiares y otras fuentes para estar al día con el pago del alquiler. Así, los subsidios, asignaciones y ayuda de organizaciones cumplen un rol central en el 72,5 % de los hogares para complementar los ingresos y garantizar vivienda.

 

 Aquí la brecha de género atenta aún más contra la calidad de vida y contra la estabilidad. Los hogares cuyo principal sostén económico son mujeres están en peor situación financiera, más endeudados y destinan una mayor proporción de ingresos al pago de alquiler. Además los hogares donde habitan infancias y los hogares encabezados por mujeres (que tienden a coincidir) muestran peores condiciones habitacionales siendo que la mitad de los hogares encuestados encuentra problemas para alquilar con hijxs pequeñxs dado que los locatarios les niegan la entrada. 

 

 En contrapartida, los barrios populares tienen ciertas flexibilidades en los requisitos de alquiler que permiten alquilar sin garantía o tanta comprobación de ingresos lo que facilita que una familia que está muy en la lona pueda acceder a un alquiler. “Son un poco más baratos, pero la verdad que, comparativamente, teniendo en cuenta que estás en un barrio que ni siquiera está plenamente dentro de los cánones del urbanismo, terminan siendo muy caros cuando uno los pone en la balanza” dice Ricardo Apalaoza. 

 

Viviana es una compañera del FOL CABA que vive en el barrio de la 21 - 24 y participó del estudio visitando casa por casa a sus vecinxs siendo que ella misma vive en una situación difícil. “Los alquileres son cada vez más altos con esta inflación que está pasando el país y eso repercute en las personas que entrevisté en las encuestas que realicé para la universidad. Noté mucha preocupación en los vecinos porque decían que las habitaciones no son amplias y que todo era compartido y que a veces los mismos dueños les prohibían alquilar con chicos o tener visitas, también no se les perdonaba la falta de pago por el cual ellos viven el mes cumplido o en otros casos con tres meses de anticipación”. El estudio reveló que hay un 22,6% de hogares con hacinamiento crítico y 38 % con hacinamiento por cohabitación. 

 

“Ser parte de una organización me ayudó a conocer mis derechos como migrante y solidarizarme con el compañero, abrir mi mentalidad más allá de lo que los gobiernos nos digan o vemos en la televisión, gracias al FOL” dice Viviana y cuenta que son muchas las compañeras que quieren contar la situación en la que viven para ser escuchadas y transformar la realidad. 

 

“Es estratégico contar con estos datos para poder instalarlo en la agenda nacional del hábitat y la vivienda” expresaron en el estudio donde la construcción de los datos es un buen ejemplo de coproducción de conocimiento entre la academia, organizaciones de derechos humanos y organizaciones territoriales de base.

 

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