jueves 30 de mayo de 2024 - Edición Nº2310
Frente de Organizaciones en Lucha » Regionales » 1 ago 2023

Día de la Pachamama

Tercer Malón de la Paz: El agua vale mas que el litio

El 1° de agosto es el día de la Pachamama, una tradición milenaria de agradecimiento de los pueblos indígenas por todo lo que la madre tierra da: alimentos, agua, oxígeno y todo lo necesario para vivir. Para defenderla de las políticas extractivistas hoy arribó a Buenos Aires el 3er Malón de la Paz marchando desde Jujuy contra la Reforma Constitucional de Morales. Exigen al Congreso y la Corte Suprema que se expida sobre la reforma de la Carta Magna jujeña, la intervención de la provincia y la sanción de la Ley de Propiedad Comunitaria. Las comunidades marcan el camino de lucha por una vida digna.



La celebración de la Pachamama la llevan a cabo los pueblos originarios que viven al pie de la Cordillera de los Andes desde Ecuador hasta Argentina. En las ceremonias, que difieren según las comunidades, hay un mismo propósito: agradecer y también pedir por un año próspero, cosechas y bienestar comunitario.

La palabra Pachamama es de origen aymara y quechua y significa tierra que se une a la madre. La fiesta es una ceremonia que refuerza y restablece el vínculo de reciprocidad entre la humanidad y la madre tierra. Agosto es el mes de los vientos para la cosmovisión andina y es cuando la tierra despierta. Este año con la marcha del Tercer Malón de la Paz desde Jujuy a Buenos Aires, la ceremonia despierta provincia por provincia la urgente necesidad de organizarse para derribar la reforma constitucional de Gerardo Morales y defender a la Pachamama.

 

¿Qué es el Tercer Malón de la Paz?

 

La gran ceremonia de la Pachamama trae vientos de transformación: es el Tercer Malón de la Paz conformado por cientxs de habitantes de las distintas comunidades originarias de la puna y la quebrada jujeña que a paso firme caminan tejiendo redes ancestrales de resistencia. Vienen de sufrir junto con docentes y otros sectores de trabajadorxs estatales la represión desatada por el gobernador de la provincia, Gerardo Morales, quien con apoyo del Partido Justicialista (PJ) reformó la constitución a espaldas de los pueblos.

 

El grito “No a la reforma” de las comunidades originarias, docentes y organizaciones sociales se debe al artículo que limita y criminaliza el derecho a la protesta —que Morales estrenó con un centenar de detenciones arbitrarias. Pero además los pueblos originarios cuestionan la “constitucionalidad” de la reforma en sí misma por incumplir el derecho a consulta, los artículos 36 y 50, sobre propiedad privada y derechos indígenas —que el gobernador decidió poner a discusión el mismo día de la jura, de forma unilateral— como explica el periodista Nahuel Lag en una entrevista al malonera Antonio Suárez. También rechazan otros artículos que siguen vigentes como los 72, 74 y 75, que dejan en manos del Estado el manejo de los recursos naturales y la explotación del agua, con un enfoque netamente productivista y la explotación del litio como principal objetivo.

La organización que viene desarrollando la unidad de comunidades originarias de la puna y la quebrada jujeña es impresionante: desde el 16 de junio las y los maloneros hicieron un corte de ruta en Purmamarca. Allí vivieron una fuerte represión que dejó graves heridos con pérdidas de visión y la persecución de los días posteriores. Marcharon a la capital jujeña. Luego viajaron con una comitiva a Buenos Aires para alcanzar un petitorio al presidente Alberto Fernández en la Residencia de Olivos y celebraron cuando el Concejo Deliberante de Abra Pampa y Humahuaca declaró el rechazo a la reforma.

 

El Malón de la Paz recupera la memoria del Primer Malón de la Paz cuando en 1946 se movilizaron desde Jujuy hasta Buenos Aires con la esperanza de que les restituyeran las tierras ancestrales, una promesa de campaña del presidente Perón. Aquella vez fueron golpeadxs, secuestradxs y enviadxs de vuelta a su territorio en un tren. En 2006 realizaron el Segundo Malón de la Paz con una marcha desde la Puna hasta Buenos Aires pero también volvieron con las manos vacías. Malón de la Paz junta dos conceptos. Por un lado, Malón fue la forma de lucha indígena, el ataque violento, rápido, sorpresivo y concentrado de fuerzas para revertir la desventaja técnica militar durante el genocidio que el Estado impulsó para conformarse como tal. Nunca lo reconoció y fue nombrado como "Campaña del Desierto". Todavía en la década de 1920 hubo malones en el gran Chaco del lado argentino. El otro concepto, Paz, tenía que ver con que ahora era una petición pacífica a un gobierno que sentían les respondería (dada las conquistas y concesiones para el pueblo pobre en esos tres años). Quien profundizó sobre este hecho histórico fue Osvaldo Bayer en su documental Awka Liwen a través de la recuperación del trabajo de investigación de Marcelo Valko.
 

La campaña por el oro blanco

 

El reclamo por los derechos indígenas y la defensa de los territorios del Tercer Malón de la Paz resuena en cada territorio que atraviesa despertando la organización, resistencia y lucha. La lucha contra la explotación del litio, también llamado "oro blanco", se levanta en distintas provincias:  En Jujuy se encuentra el Salar de Olaroz, que es operado por la empresa Orocobre en conjunto con Toyota Tsusho Corporation y el Salar de Cauchari es operado por la empresa Lithium Americas. En Salta se encuentra el Salar del Hombre Muerto, que es operado por FMC Lithium, y también existen otros proyectos en la región, como el Salar del Rincón, operado por la empresa Livent Corporation.
 

De esta manera, la minería del litio es una de las actividades estrellas de la política económica extractiva impulsada por el gobierno nacional. Con la bandera de la “sustentabilidad” y la transición a “energías verdes” busca atraer inversiones para la producción de carbono de litio, cloruro de litio e hidróxido de litio, materia prima para la elaboración de baterías de la prometida revolución de los autos eléctricos.

 Pero en tiempos donde el gobierno aputa los acuerdos con el FMI para lograr desembolsos de millomnes de dólares para pagar la deuda, las comunidades que habitan los territorios no gozan de los “beneficios” del desarrollo y progreso promocionado, en cambio, denuncian que están contaminando los acuíferos de agua dulce y amenazan la vida y la producción agropecuaria. No es coincidencia que en las provincias donde se desarrollan estos proyectos extractivistas se ordenen decretos o se realicen reformas a las constituciones para criminalizar y multar la protesta social.

 

“El agua vale más que el litio” sostiene el comunero de Abra Pampa Antonio Suarez y explica en qué afectará la reforma a las comunidades de la región: “En nuestra Puna siempre ha sido crítica la cuestión de la sequía. El 99 por ciento de las familias en los territorios viven de su ganadería, su vida depende de ello. Es una situación de sobrevivencia: hay zonas en las que se deben recorrer kilómetros y kilómetros para abastecerse de agua. Lo hacen trayendo agua desde lo más alto de los cerros. Hasta ahora, las comunidades regulan el uso del agua, se autogestionan a través de consejos con decisiones asamblearias, con esta nueva reforma está en peligro porque el artículo que regula el recurso del agua habla de licitaciones para el desarrollo de emprendimientos productivos como el litio. El agua viene de arriba, de los cerros, y ha sido cuidada por milenios por nuestros abuelos y queremos seguir cuidándola de la mejor manera. Si un turista puede venir a ver la Quebrada, que fue declarada Patrimonio de la Humanidad, o si puede visitar la Puna y encontrar sus paisajes como han sido históricamente; no es por falta de tecnología ni porque no queramos el desarrollo sino porque creemos que es la mejor manera para conservar el territorio para nuestros hijos. En esos territorios queremos seguir desarrollando nuestra cultura, nuestra lengua, nuestra manera de vivir, nuestra relación con la Pachamama”.

 

Así como hay minería de litio hay muchos otros proyectos extractivistas: explotación de hidrocarburos en tierra y mar, industria agricultura y forestal, turismo empresarial, y tantos otros en creciente desarrollo. A ambos lados de la grieta, Gerardo Morales, como Sergio Massa o Alberto Fernández forman parte del sistema político que se preocupa por administrar el modelo basado en la matriz productiva extractivista. Las consecuencias ya están a la vista: la falta de agua para las comunidades, pero sí para las multinacionales que explotan los salares; la enorme cantidad de enfermedades y abortos espontáneos causados por el glifosato y otros agrotóxicos. 

 

Por eso la sociedad tiene mucho que aprender de las comunidades originarias que hace más de 500 años defienden el territorio. En su cosmovisión la humanidad está integrada a la naturaleza y vivir en armonía es respetarla, como propone la agroecología, la soberanía alimentaria y la organización comunitaria. En cambio, si apoyamos una matriz productiva extractivista que destruye la naturaleza, nos estamos destruyendo a nosotres mismes. Entonces la llegada del Tercer Malón de la Paz el día de la celebración de la Pachamama es un gran momento para reflexionar con la sabiduría que nos comparten: el agua vale más que el litio, y si no lo detenemos, este modelo extractivista nos llevará a la autodestrucción.

 

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