martes 27 de septiembre de 2022 - Edición Nº1699
Frente de Organizaciones en Lucha » Regionales » 20 may 2021

Discriminación en La Plata

El municipio de Julio Garro continúa desalojando a las manteras

A dos años de iniciado el conflicto, las trabajadoras siguen sin obtener una solución que les permita trabajar. La feria americana es su único medio de subsistencia en este contexto de crisis.


Las trabajadoras de la feria americana de Plaza San Martín, o más conocidas como “manteras”, continúan denunciando que el intendente Julio Garro en La Plata sigue ejerciendo políticas represivas y persecutorias contra ellas sin brindarles ninguna solución para que puedan trabajar. La disputa por restringir el uso del espacio público se ha vuelto una política central del gobierno local, que en medio de una crisis global y de la profundización de la pobreza, solo atina a seguir sacándole el trabajo a la gente.

El conflicto adquirió relevancia en el 2019 cuando el intendente de Cambiemos dispuso de un operativo descomunal que rodeo toda la plaza San Martín para desalojar a alrededor de 600 familias que llevaban adelante una feria americana de ropa usada. Policía científica, DDI, policía local y grupos especializados hicieron un cordón a lo largo de toda la zona para impedir el paso de las trabajadoras.

Hoy, a dos años de aquella situación, solo queda un grupo de alrededor de 40 familias que insisten en su legítimo derecho a trabajar. Pese a las múltiples presentaciones de proyectos y pedidos de reunión que se han hecho por parte de las manteras para tratar de arribar a una solución, el municipio lo único que hace es ir corriéndolas de un lugar a otro para impedirles que puedan desplegar sus mantas con ropa. La misma política despliega contra trabajadores senegaleses que son fuertemente reprimidos y perseguidos por los agentes de control urbano.

Actualmente, las manteras, se encontraban en la vereda de la Legislatura, en 51 entre 7 y 8, pero desde hace algunas semanas vienen sufriendo un nuevo hostigamiento. La última vez les pidieron que se trasladen a la vereda de enfrente, donde también desarrollan su trabajo vendedores ambulantes de la comunidad senegalesa y otros artesanos. Esto generó un amontonamiento innecesario y puso en riesgo todas las personas que se encontraban allí, pero en especial a las manteras ya que muchas de ellas son mayores de 50 y presentan algunos factores de riesgo.

Gladys, una de las referentes del espacio, plantea que “la verdad necesitamos una solución porque la situación es muy crítica, necesitamos trabajar y tener un lugar para nuestra feria americana. Compramos mantas para ordenarnos bien y respetar el distanciamiento social, usamos barbijo y alcohol en gel, pero nada de esto alcanza para el municipio”.

Es paradójico que a tan solo tres cuadras de allí hay una zona de bares y negocios para la cual se ha dispuesto parte de la calle para que puedan tener mesas afuera y recibir más clientes. Esta situación lo que demuestra es la saña contra sectores humildes que se la rebuscan para sobrevivir en un contexto donde el trabajo escasea cada vez más y los precios de los alimentos están por las nubes.

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