jueves 18 de julio de 2019 - Edición Nº532
Frente de Organizaciones en Lucha » Género » 9 may 2019

Primera parte

Adriana Guzmán: “Había que reconstruir el país, y nosotras queríamos que sea con nuestra palabra”

La referente del Feminismo Comunitario en Bolivia estuvo en La Plata y mantuvo una profunda conversación con compañeras del Frente de Organizaciones en Lucha para intercambiar experiencias y saberes.


La cita es en el Centro Cultural y Político Awkache, en pleno centro platense. Las compañeras del FOL se van juntando desde temprano para pensar las preguntas que le harán a la referente del Feminismo Comunitario en Bolivia, Adriana Guzmán.

En las casi tres horas que duró la charla, se habló de la masacre del gas del 2003 en Bolivia y cómo a partir de ese momento las mujeres de las comunidades comenzaron a juntarse y a problematizar sus vivencias; el porqué de llamarse feministas y comunitarias; el lesbianismo; el aborto; el deseo y el placer. En estas líneas, se reproducen algunos de los debates:

 

Sobre la masacre del gas y los comienzos de la organización de las mujeres

La masacre del Gas, fue un hecho que ocurrió en el 2003 en Bolivia, cuando el Presidente Gonzalo Sánchez de Lozada autorizó la intervención militar contra la población que se manifestaba en contra del saqueo de los recursos naturales del país. Luego de los 31 días de cortes y manifestaciones, la masacre culminó con al menos 63 personas muertas y con la renuncia del Presidente. Las mujeres campesinas fueron protagonistas de la lucha y a partir de ese momento comenzaron a organizarse para re-pensarse y fortalecerse.

Adriana Guzmán: Después de 31 días de piquete, las mujeres seguíamos en la calle. La calle está mejor que la casa, porque en la casa tenemos mucho trabajo y nunca tenemos tiempo. Y entonces nos empezamos a preguntar ¿por qué teníamos tanto trabajo? ¿Por qué solo nosotras? ¿Por qué si comemos 5 cada cual no lava su plato?

Era como ser esclavas en la casa y no queríamos, preferíamos estar en la calle hablando y contándonos nuestras historias, pensando como querríamos que sea el país. Allí en la calle nos hemos dado cuenta que “no me pasaba sólo a mí” sino que para todas era igual.

Otra razón por la que no queríamos volver era porque en la calle mi esposo me ha respetado, hemos hablado, me ha escuchado. Pero en la casa, cuando yo quiero opinar me dice “¿Qué estas opinando vos? ¿Qué sabes? ¿Quién te ha preguntado?”. Ese compañero que en la calle me gusta, en la casa me pega.

Hemos aprendido que una de las principales cosas contra las que queríamos luchar era contra los gobiernos que nos tienen sin trabajo y se llevan todos los recursos, pero también principalmente queríamos luchar contra la violencia. Queríamos pensar un país donde los hombres aprendan a no violar, a no golpear, donde no todo se sostenga sobre nuestro trabajo.

Otra cosa que nos hemos dado cuenta es que en la masacre del gas han resultado siendo 63 personas asesinadas, y de ellas sólo 3 eran mujeres. Desde mi experiencia es que nos han dejado salir a las protestas, pero no nos podíamos morir, porque teníamos que volver a criar a las guaguas. Todas teníamos que volver a criar, a cuidar a los abuelitos, teníamos la responsabilidad de volver.

Otra cosa es que en esos 31 días no hubo ningún femicidio. Entonces pensamos que una de las soluciones es estar organizadas, porque uno a uno no se resuelve el problema. Teníamos que volver, pero queríamos volver con el compromiso de que nuestra vida iba a ser distinta, queríamos vivir sin violencia, sin hacer tanto trabajo, y eso lo íbamos a hacer organizadas.

 

Nace el Feminismo Comunitario

Nuestra intención es que cada mujer se organice en su barrio o comunidad, no somos nosotras las que queremos organizarlas. Más que tener información de dónde ir, lo que pasa es que hay que estar organizadas para saber que juntas vamos a enfrentar esto.

La otra pregunta es ¿porque ellos pegan? ¿Por qué los hombres no se organizan para decir “este es un golpeador hay que sacarlo de la casa para que se quede ella”? Porqué nosotras siempre organizadas y los otros mirándonos diciéndonos ¿para que se organizan ustedes? ¿Qué tanto hablan ustedes?

Entonces nosotras necesitábamos cambiar las dos cosas, no solo tener donde escapar, sino que dejen de pegarnos, necesitamos que dejen de violar, que dejen de explotar. Queríamos cambiar eso en nuestra casa y en el país. Y ahí nos dimos cuenta que necesitábamos llamarnos feministas.

Decían que en el campo no hay violencia, que las feministas son de la ciudad, de Europa, son blancas, de la universidad, que no había aymaras ni quechuas feministas. Había que reconstruir todo el país, y dijimos que queríamos que sea con nuestra palabra. Ellos hablaban del indianismo, y nos decían que no necesitábamos ser feministas, bastaba con que seamos indianistas. Y nosotras queríamos pensar desde nuestro cuerpo, desde esa parte del mundo que ellos no pensaban.

 

*El resto de la charla será publicada por partes en los siguientes días.

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