jueves 20 de septiembre de 2018 - Edición Nº231
Frente de Organizaciones en Lucha » Género » 31 ago 2018

Desde las tierras rojas

Mujeres tareferas: se abren paso entre los yerbales

El Yerbatazo puso en relieve cómo viven miles de personas que trabajan en la cosecha de la yerba. En medio de todas esas historias está la realidad específica de las mujeres y con ellas su lucha para salir de los márgenes y ser reconocidas también como trabajadoras.


 

Terminó el yerbatazo por ahora, el Frente de Organizaciones en Lucha se reunió en asamblea en plena avenida de mayo para anunciarle a sus compañeras y compañeros que el gobierno sigue dándole la espalda a sus demandas. Esta vez a pesar de los tres días de protesta tanto en Capital Federal como en Misiones, hay que volver sin una solución concreta, pero con la firme convicción de redoblar los esfuerzos para continuar la lucha.

Entre los tareferos que toman la palabra hay una mujer, María Dos Santos, misionera y tarefera. Con su Pelo canoso y brillante hasta la cintura y con sus ojos profundos cansados de ver tanta injusticia, se para firme ante el megáfono para contar a cientos de personas cuál es su cruda realidad. Al principio su voz finita y dulce no se escucha tanto entre la multitud, pero a medida que gana confianza el relato contundente deja a todos mudos.

“La mujer tarefera antes iba con toda su familia a la cosecha. Nos levantamos a las 4 de la mañana para hacer un desayuno y después iba toda la familia, hasta los chicos tarefeaban. Y ahí nosotros aprendimos lo que es el sufrimiento del yerbatero.” Dice María. En el último tiempo empezaron a prohibir que las mujeres lleven a sus hijos a la cosecha, lo cual los termina perjudicando ya que: “Si se queda la familia en la casa, el hombre tiene que dejar para que coman y además llevarse para comer él en el yerbal, entonces son dos ollas las que tenemos que mantener. Y llegas a fin de mes sin nada, muchas veces debiéndole al patrón.”

Si la vida es dura para los varones, para las mujeres significa una doble explotación ya que los patrones no las consideran trabajadoras sino meras acompañantes de sus maridos, y por lo tanto no les pagan su trabajo. Muchas de ellas trabajan hasta embarazadas, cargando el peso sobre sus hombros a la par de sus compañeros, porque es la única forma que tienen de llevar un plato de comida a la casa.

Si los yerbales quedan cerca las y los tareferos pueden ir y volver en el día a sus casas. Pero María trabajo durante diez años en los que quedaban más lejos, entonces tenía que ir a acampar por quince días o un mes. “Las carpas son una lona negra que una arma a ras del suelo y ahí dormimos en el piso, no es cerrado como una casilla o una carpa, sino que son abiertas, entra el viento y el frio. No tenemos baño, tenemos que buscar el agua lejos y cocinamos con fuego afuera. Es muy sacrificado” explica.

Además los contratistas no les dan nada, ni siquiera las herramientas de trabajo, son ellas y ellos los que deben asegurarse las tijeras, serruchos, machetes, carpas y comida. Sumado a que en muchos casos siguen pagando en vales para canjear en un almacén, que pertenece al mismo patrón,  por lo que la mercadería la venden a un precio más caro

“Siempre de una forma u otra nos terminan sacando algo de nuestro sudor” asegura la misionera, y agrega: “Cuando nos levantamos tempranito la yerba está llena de rocío y eso cae y nos moja todo, entonces trabajamos desde las 6 de la mañana hasta el atardecer todos mojados. Si te agarras pulmonía, neumonía o otras enfermedades en los huesos el patrón no te paga nada.”  

Por eso a María no la atemoriza un no por respuesta, no la hace vacilar la presencia policial que intentó amedrentarlos durante toda la jornada de protesta. A pesar de que dice sentirse humillada por el trato de los funcionarios del gobierno de Cambiemos y por su despiadada insensibilidad e indiferencia, María sabe que “si uno no lucha por lo que quiere nunca vamos a tener nada.”Eso lo aprendió de la experiencia misma, de pelearla todos los días codo a codo con sus pares.

“Para mi ser delegada significa mucho, porque yo no estoy por mi sola acá, sino por todos los tareferos de misiones, desde Andresito hasta Apóstoles, Montecarlo, Dos de mayo, San Vicente, San Pedro, San José, ahí donde están los yerbales más grandes”.

La situación es cada vez más difícil porque antes en la interzafra algunas veces los patrones les destinaban otras tareas como la limpieza de los yerbatales. Pero ahora con el avance de la tecnología necesitan mucha menos gente y entonces las posibilidades de trabajo se reducen sólo al periodo de la cosecha. Además para las mujeres es más difícil conseguir una changa en el periodo en que quedan cesantes; Muchas veces las contratan como empleadas domésticas, pero según relató María: “trabajamos desde las 7 de la mañana hasta las 9 de la noche y a fin de mes nos pagan 3 mil pesos, y ¿qué hacemos nosotros con 3 mil pesos? Somos todos precarizados.”

“Nosotros estamos luchando para que todos los tareferos tengan como sobrevivir en esos 6 meses que quedamos itinerantes. Los gobernantes negocian con los punteros y la UATRE, se quedan con la plata y a los tareferos les da una bolsita de mercadería y quieren que nos contentemos con eso. Nosotros no queremos mercadería, queremos la plata, que sea contundente, que pueda ayudarnos a cubrir esos meses que quedamos sin trabajo” dice con firmeza y asegura que aunque venían con expectativas de resolver el conflicto no bajaran los brazos hasta obtener una respuesta.

 

 

 

 

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