jueves 13 de agosto de 2020 - Edición Nº924
Frente de Organizaciones en Lucha » Regionales » 21 jul 2020

#Jujuy Memoria, ni olvido ni perdón.

La noche del Apagón de Ledesma

A 44 años de la masacre ¡No olvidamos, no perdonamos! La resistencia sigue, y seguirá hasta la batalla final.


Por:
FOL Jujuy

 Este año, por la pandemia, no se realiza marcha que rememora la Noche del Apagón y que año a año organizaciones de Derechos Humanos, estudiantiles, sindicales, políticas y sociales llevan a cabo para pedir justicia por las 400 personas desaparecidas en los pueblos de Libertador y Calilegua, durante los días 20 al 27 de julio de 1976

Exigimos juicio y castigo a Carlos Blaquier, colaborador de la dictadura cívico-militar y dueño de la a empresa Ledesma que facilitó el secuestro

 

Hoy las y los queremos recordar con este relato

 

“Rita” Garnica, la mujer que rompió el mito

EL FAMILIAR NO EXISTE

 

Un mito es algo indiscutible. Es una creencia tan fuerte que no permite ser pensada ni mucho menos reflexionada. Así, durante largo años, en una región dominada por el miedo se aceptó que El Familiar era el responsable de la desaparición de hombres y mujeres que trabajan en la cosecha de cañas y habían tenido la osadía de protestar ante una situación injusta.

Dice el mito que cuando aparece El Familiar los perros ladran hasta más no poder. En la noche del 20 de julio de 1976, en uno de los apagones del terror que ocurrió, simultáneamente, en Libertador General San Martín, Calilegua y El Talar, los perros ladraron hasta más no poder. Pero no fue el horrible monstruo que tiene forma de perro el que se llevó a los compañeros. Fueron hombres vestidos con uniformes de gendarmes, del ejército y de policías los que secuestraron a hombres y mujeres.

La primera persona que denunció públicamente esos atropellos se llama Eublogia Cordero de Garnica. Todos sus vecinos la conocen como “Rita”. Ella fue secuestrada aquella noche y, después la llevaron al Centro Clandestino de Detención ubicado en la localidad de Guerrero. Sabía que allí también estaban dos de sus hijos. Por eso, cuando la torturaron, ella no gritó, en un intento de evitarles el sufrimiento (Domingo y Horacio), ambos forman parte de la lista de detenidos-desaparecidos.

“Rita” denunció ese crimen de lesa humanidad en un acto que protagonizó Adolfo Pérez Esquivel, a fines de la dictadura, en el salón de actos de la escuela San Francisco. Ello expuso su cuerpo como lugar de enunciación y se levantó la pollera: “Éstas son las marcas que deja la picana eléctrica”. A partir de entonces, los que estábamos en el salón no tuvimos dudas de que las atrocidades no sólo habían ocurrido en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), también ocurrieron aquí, en Jujuy.

En una interesante entrevista que ella concedió al diario Página 12, dice que El Familiar no existe. El Familiar es Carlos Pedro Blaquier, el hombre que autorizó a las fuerzas armadas para que utilicen los medios de transporte de la empresa Ledesma. El amigo del mismísimo José Alfredo Martínez de Hoy, a quien se dirigía afectuosamente como “querido Joe”. El Familiar –ya nadie lo duda- vive en la Rosadita y a cada inicio de zafra convoca –como un perverso imán- a gobernadores, senadores, obispos y toda “fuerza viva” a rendirle un tácito tributo de hace cuatro décadas.

Coraje nunca le falta a “Rita”. Coraje es lo permite romper el mito y exigir justicia. Coraje, algo que transmitimos a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos, para que seamos capaces de discutir contra el poder, para que no nos nieguen la facultad de pensar. Para exigir cárcel a Pedro Carlos Blaquier.

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