sábado 24 de octubre de 2020 - Edición Nº996
Frente de Organizaciones en Lucha » Novedades » 25 mar 2020

Comedores durante la cuarentena

En los primeros días se duplicó la cantidad de comensales

Las medidas de aislamiento social hacen que la situación, ya compleja, de los comedores barriales se recrudezca. La mercadería no alcanza y la gente tiene hambre.


La cuarentena y las políticas de aislamiento social obligatorio están volviendo cada vez más difícil la situación en los barrios populares de todo el país. En los comedores la cantidad de comensales se duplicó y la mercadería es escaza para abastecer a todas las familias, por lo que la preocupación y las situaciones de tensión van a ir en aumento.

Son en su mayoría mujeres, de distintos movimientos sociales, las que vienen poniéndole el cuerpo a estos espacios que son fundamentales para mantener los barrios organizados y para que miles de familias tengan un plato de comida en la mesa. Estas compañeras y compañeros lo hacen a pulmón, rebuscándoselas para estirar los recursos lo más que se pueda y engordar la olla con lo que cada quien consigue de alguna donación y lo que va quedando de lo que brinda el Estado.

Son aquel sector al que en tiempos normales se los acusa de vagos/as y planeros/as, y se invisibiliza así la labor cotidiana y silenciosa que llevan a cabo en los barrios para repartir lo poco que se tiene entre las y los muchos que lo necesitan. En estas condiciones tuvieron que salir además a ingeniárselas para autocuidarse y cuidar a sus vecinas y vecinos.

“Van a tener que bajar más mercadería porque si no esto va a ser un caos, el ambiente está muy caldeado y la gente no va a poder subsistir todos estos días. La mayoría de las y los vecinos están más preocupados por qué van a hacer si se les acaban los pocos recursos que tienen y no pueden salir a trabajar o changuear, que por el coronavirus” afirma Karina, militante del Frente de Organizaciones en Lucha en La Plata.

A pesar de los insistentes llamados de los referentes de las organizaciones hacia los funcionarios del gobierno, hasta el momento no se ha anunciado un refuerzo de mercadería para los comedores. A su vez, el subsidio familiar de 10 mil pesos por única vez para monotributistas y trabajadores informales, sigue sin abarcar a todo el universo de personas que lo necesitarían, ya que quedan excluidos quienes tienen algún integrante en la familia que percibe algún otro ingreso. Sumado a que los tiempos de cobro podrían dilatarse hasta los primeros días de abril y mientras tanto los bolsillos seguirán vacíos.

A su vez, lo que sucede es que en muchos casos ese otro ingreso es un mísero programa de empleo de 8.500 pesos y si tienen hijos cobrarán la AUH con el bono de 3 mil pesos. En ninguno de los casos alcanzarán a superar la línea de pobreza que se encuentra cercana a los 40 mil pesos para una familia de cuatro integrantes.

“Ayer reanudamos el comedor, contábamos con que no iba a venir tanta gente porque en general a la copa de leche vienen 15 personas. Pero tuvieron que venir más compañeras a ayudar porque no dábamos abasto, se acercaron 34 familias y todas llevan comida para varios integrantes. Además a la copa de leche vinieron 70 niños y niñas” contó sorprendida Estela, otra militante del FOL.

Según el Indec hay 5.259.000 personas que trabajan de manera independiente y representan el 25% de los 20.685.000 puestos laborales en todo el país. Pero por otro lado, hay otros 7 millones de personas que se desempeñan en lo que comúnmente se conoce como trabajo “en negro” y por último los desocupados.

El grueso de los puestos de trabajo en esa situación, comprende al personal doméstico (1.214.000 personas) es decir en su mayoría mujeres, por lo que se refuerza la desigualdad social y la dependencia económica hacia sus parejas u otros familiares; le siguen el comercio (701.000), las tareas relacionadas con el agro (577.000), la construcción (518.000) y la industria (516.000).

Estas cifras revelan la total precariedad en la que subsisten las grandes mayorías en Argentina. Sin obra social, con sueldos por debajo del nivel de indigencia, en casas precarias, con comedores que no tienen respiro y explotan de gente con hambre, la necesidad de organizarse para buscar soluciones colectivas se vuelve urgente. 

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